La banca sostenible es una banca transparente. Conseguirlo significa dar a los clientes bancarios la posibilidad de conocer su huella de carbono en función de sus transacciones. Pero la cosa no acaba ahí.
En lo que respecta a la huella de carbono, los bancos son especiales. ¿Por qué? Porque tienen la clave para una huella de carbono precisa y útil: los datos de las transacciones de pago.
El impacto medioambiental individual se remonta a nuestros hábitos de consumo. Aprovechar los datos de pago enriqueciéndolos con valores de emisión de carbono abre un sinfín de nuevas oportunidades.
En 2022, está surgiendo una tendencia: los bancos y las instituciones financieras se están comprometiendo con la sostenibilidad. Sin embargo, la forma en que los bancos adopten la banca y las finanzas verdes separará a los pioneros de los rezagados.
Huella de carbono para los consumidores
El carbono es una moneda. Detrás de cada producto y servicio que compramos hay una etiqueta con el precio del carbono. Ese precio ha sido invisible a los ojos del consumidor, hasta ahora.
Al ofrecer transparencia a los clientes, al contarles toda la historia que hay detrás de su dinero, los bancos desempeñan un papel vital en la lucha contra el cambio climático: inspirar una acción climática generalizada.
El segmento de clientes concienciados con el clima, en rápido crecimiento, busca armonizar la banca con su afán por llevar a cabo acciones climáticas. Para ayudarles a hacerlo, los bancos tienen que actuar.
Los bancos superan con creces su potencial de impacto implicando a sus clientes en la acción por el clima en lugar de confiar únicamente en las iniciativas internas de RSC. Imagine el impacto de una reducción del 10% en la huella de carbono de sus clientes. Combinando todos los segmentos de clientes, eso sí que es acción climática escalable.
La transparencia que consigue la huella ambiental sienta las bases para el compromiso climático. A partir de ahí, las entidades financieras pueden educar e incentivar a los consumidores con información sobre el clima, consejos interesantes, trucos y datos curiosos. Esto abre la puerta a experiencias bancarias más personalizadas, en las que la compensación correspondiente y los paquetes ESG pueden adaptarse a las preferencias del cliente.
¿Cómo funciona la huella de carbono?
Existen muchas metodologías y filosofías sobre la huella de carbono, algunas más sólidas que otras. La huella de carbono sobre la base de las operaciones de pago es un enfoque especializado que tiene en cuenta el papel integral que los hábitos de consumo tienen en el impacto medioambiental individual.
La mayoría de los enfoques desglosan el gasto en categorías, por ejemplo, comestibles, gasolina, transporte, restaurantes y similares. Éstas pueden desglosarse en otras subcategorías para una categorización más precisa. Teniendo en cuenta la variación que existe dentro de esas categorías, algunas metodologías tienen en cuenta variables específicas de cada país.
A continuación, las categorías se contextualizan con datos de investigación y de emisiones disponibles públicamente para ofrecer a los consumidores sus cálculos. A través de los circuitos de retroalimentación de los clientes, los cálculos se perfeccionan.
¿Cuánto duró su vuelo? ¿Qué dieta prefiere? ¿Con qué tipo de combustible repostó?
Sin embargo, el carbono no es la única lente a través de la cual se puede medir la huella ambiental. La huella se está volviendo tan diversa y rica como el medio ambiente.




